G. Almeyra: Nuevamente sobre el boicot electoral en Guerrero

Nuevamente sobre el boicot electoral en Guerrero
 
Guillermo Almeyra
M

éxico es uno, pero también son varios. El Distrito Federal no es Nayarit, Michoacán se diferencia de Yucatán. La tardía incorporación histórica a México (como en el caso de Chiapas), la debilidad constante del Estado y la falta de comunicaciones son algunas de las causas de que México, sin ser jamás realmente federal, no llegase tampoco a ser un país centralizado.

Es ridículo, por lo tanto, creer que se trata de un gato gris y que las mismas medidas y tácticas son válidas para cada una de las regiones o estados. Porque de lo que se trata es de ayudar a desarrollar la independencia política y la autorganización de los oprimidos según sus experiencias locales y no de engrosar los votos de un partido aunque en el mismo milite mucha gente valiosa y además sea la esperanza de muchos sectores populares.

Es cierto que en general una gran cantidad de mexicanos se resignan al desastre que les ha caído encima y, cuando mucho, están dispuestos sólo a poner su protesta en la urna. Pero adaptar la propia táctica a eso es seguir oportunistamente un proceso que no se intenta modificar, desconocer que los que osan actuar e innovar crean y difunden conciencia y organización, dan ejemplos y elevan la moral de los demás y siempre modifican la visión estática de los autodenominados realistas.

Después del fraude de 1988 y de los asesinatos de perredistas en el gobierno de Salinas, ¿sólo quedaba esperar la elección siguiente? Los zapatistas, en 1994, con su NO demostraron que era posible oponerse sin ser aplastados, a pesar de su poca fuerza militar, porque reanimaron a los oprimidos y les hicieron dar un salto histórico en su visión de sí mismos.

En el principio no fue el verbo sino la acción. A condición, es obvio, de que la acción corresponda a lo que están haciendo ya centenares de miles de campesinos, comunitarios, indígenas, trabajadores como los guerrerenses. Es decir, autorganizándose, formando cuerpos e instituciones democráticas y comunitarias, autonomizándose, construyendo gérmenes de poder popular.

Sí, pasar del ¡Fuera Peña Nieto! a la consigna pasiva de abstención en todo el país es un gran retroceso. Pero el mismo fue favorecido porque Morena, en contra de la voluntad de luchar por un cambio social de cientos de miles de sus integrantes, quedó entrampado en los esfuerzos por llevar agua al molino electoral. Sí, la abstención es negativa porque aunque casi todo México se abstuviera, bastaría el voto de Peña Nieto y el de unos pocos más para conservarle el poder a la oligarquía. Pero pretender acabar con ese poder mediante elecciones limpias, en México, es igualmente utópico y pasivo. En cambio, el boicot activo a las elecciones y la autorganización de poder popular sobre bases municipales y comunitarias hoy es posible en Guerrero y en parte en Michoacán con sus autodefensas o en Oaxaca con la experiencia de la APPO. ¿Por qué debería subordinarse este proceso a lo más conservador y atrasado en otras partes del país?

Todos los cambios importantes en América Latina no se debieron a que primero se instauró un gobierno democrático sino a que primero fue derribado el gobierno reaccionario por la acción de masas, que hizo posible luego elecciones, el gobierno popular y una Constituyente. En Bolivia fue la guerra del agua y la del gas la que derrocó al presidente y condujo a elecciones limpias y al gobierno de Evo Morales que convocó la Constituyente. Hugo Chávez derrocó al gobierno tras un levantamiento popular conocido como caracazo. No es serio plantear, para reforzar la primacía que tendría la construcción de Morena sobre la autorganización de los oprimidos, que lo que es posible en Grecia con Siryza o en España con Podemos también lo es en México. Ni en Grecia ni en España se han sucedido los fraudes electorales descarados como los de 1988, 2006, 2012. Ni en Grecia ni en España ningún presidenteconstitucional mató más de 500 cuadros opositores ni carga sobre su conciencia decenas de miles de asesinados y otros tantos desaparecidos. No hay que olvidar además que Siryza pasó del 4 por ciento al casi 36 sobre la base de 10 huelgas generales y de continuas movilizaciones no electoralistas, que Morena no promueve ni apoya activamente.

México, por otra parte, no tiene fronteras con Suiza sino con Estados Unidos, del que forma parte de hecho. Simplemente, el imperialismo y el capital trasnacional que controlan México jamás aceptarán un gobierno democrático salido de las urnas. Sólo podrían ser obligados a tragarse un gobierno popular apoyado por movilizaciones masivas. Morena, si quiere ser útil, no puede inspirarse en los modelos fracasados. En Venezuela, el PSUV no es un partido sino una mera máquina electoral, ya que no tiene vida interna democrática y el ex ministro chavista Navarro está llamando a una rebelión de las bases para salvar la revolución. El PT brasileño tampoco es un partido, por las mismas razones, como lo demuestra su corrupción, y los gobiernos de Brasil o de Argentina están lejísimos de ser modelos para México.

En Guerrero –insisto, en este estado, por ahora–, y allí donde también existan elementos de poder popular, es posible boicotear las elecciones. Boicot no significa sólo no votar sino impedir la votación y sustituirla por medidas superiores, como decisiones de asamblea para todas las cuestiones importantes, policías comunitarias, asambleas municipales que gobiernen, redes de poderes locales que legislen y establezcan otro orden.

En la historia de Guerrero, como en la historia reciente de la APPO oaxaqueña, está presente el intento reiterado de crear poderes populares y autogobernarse. Si en Guerrero el boicot tuviese esas características se extenderá sin duda posteriormente a otras partes del país. Por supuesto, el gobierno fantoche podría militarizar la región y nombrar autoridades que no representen a nadie. Pero el golpe político-moral que sufriría su imagen y el avance de la organización popular serían muy grandes.