Partido Revolucionario de los Trabajadores
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LA CRISIS DEL SISTEMA DE PARTIDOS, LA AUSENCIA DE LA IZQUIERDA SOCIALISTA Y EL REGISTRO DEL PRT.
Edgard Sánchez.
Otro resultado del abrumador triunfo de Claudia Sheinbaum en la elección presidencial del pasado 2 de junio es la crisis del actual sistema de partidos.
Esta crisis se expresa por un lado con el desfonde del PRIAN y por el otro por la dinámica hacia un nuevo partido de Estado con Morena y los partidos del gobierno. En esta crisis y reacomodo de fuerzas políticas, el otro elemento es la ausencia en el terreno institucional de un partido de la izquierda socialista, independiente del poder actual.
El fracaso del PRIAN.
Como dijimos en el balance electoral realizado por el PRT (ver La Internacional 3-4) el resultado muestra no solamente la debacle electoral de la coalición del PRIAN, sino el avance en la hegemonía ideológica del discurso lopezobradorista representado por Morena, en la sociedad. El odio y desprecio a lo que representa el pasado de los gobiernos del PRI y del PAN fue capitalizado por Morena y los partidos aliados del gobierno. De esa manera los resultados para PRI, PAN y PRD en términos de votos fueron desastrosos. De haber sido el partido hegemónico durante décadas, el PRI ha quedado reducido a una mínima expresión, gobernando solamente dos estados de la República y convertido en la quinta fuerza en la Cámara de Diputados. Pero además de la derrota electoral, el PRI sale del 2024 profundamente dividido desde la cabeza, con la pérdida de miles de afiliados y votantes y muchos de sus cuadros pasándose antes y después de las elecciones a Morena o al Partido Verde. La reelección de Alejandro Moreno "Alito", de por sí figura impresentable y cuestionado en su propio partido, fue en contralínea de la línea histórica de no reelección en que se sustentaba el propio PRI. Aunque su imposición fue aceptada por las autoridades electorales, ahora como legislador con fuero tendrá que enfrentar la operación de desafuero por otras acusaciones. "Alito" se ha confiado a negociar el apoyo del gobierno a cambio de sus votos en el Congreso. Pero ahora ese negocio se le ha acabado pues el gobierno y sus partidos no necesitan el apoyo del PRI ya que cuentan con mayoría calificada.
El proceso de elegir presidente de partido después de las elecciones también se ha dado en el PAN por los malos resultados de Marko Cortés. La crisis de ese partido también se refleja en el relevo en la dirigencia pues Jorge Romero, es otro político “impresentable” ligado al "cartel inmobiliario" que tiene su asiento en la Benito Juárez de la CDMX, demarcación donde Romero fue delegado de gobierno. Además de la derrota electoral y pérdida de cargos y posiciones del PAN, como en el caso del PRI pues también mantiene solamente dos gobiernos de estados de la República, el desprestigio de su desempeño en el gobierno federal ha sido profundo sobre todo con el juicio y encarcelamiento en Estados Unidos de Genaro García Luna, quien fuera secretario de Seguridad Publica con Felipe Calderón. La fuerza de García Luna en los dos gobiernos panistas (de Vicente Fox y Calderón) era tal que el presidente francés Sarkozy lo calificaba como el vice presidente de Calderón. Por lo mismo hasta Marko Cortés en su momento se deslindó de Calderón exigiendo que informara de su relación con García Luna.
Pero el problema principal del PAN y de la coalición que postulaba a Xóchitl Gálvez tiene que ver con su perspectiva estratégica. Todo el sexenio pasado centraron su línea en el ataque permanente a López Obrador. Denostando a nivel personal a López Obrador por su caudillismo y desplantes pero incapaces de presentarle una línea coherente alternativa. Esta incapacidad no era de elaboración intelectual, sino por el hecho que aspectos centrales de la línea de la derecha y del neoliberalismo fueron retomadas por el lopezobradorismo. El TLC, impuesto por Salinas de Gortari como culminación de su sexenio de reformas neoliberales fue renegociado y confirmado por el gobierno de López Obrador con el TMEC. La militarización de la Seguridad Pública de Calderón y Peña Nieto, fue continuada por el gobierno de AMLO con la creación de la Guardia Nacional y sobre todo por el empoderamiento de las fuerzas armadas en diversas áreas del Estado, antes encargadas a civiles, así como la defensa del ejército contra todas las denuncias por violaciones a derechos humanos. Obviamente el caso central del balance en este terreno del gobierno de AMLO, pese a haber denunciado la "verdad histórica" de Peña Nieto sobre Ayotzinapa, es que este gobierno terminó estigmatizando al movimiento de los 43, a sus abogados y defensores de derechos humanos calumniándolos como manipulados por la derecha. Y de nuevo defendiendo al ejército que se ha negado a entregar los archivos de la represión (realizada, sobre todo por los gobiernos del PRI y del PAN).
Pero también es el caso de las reformas neoliberales de Peña Nieto que, como parte del implícito pacto de transición, se respetaron y continuaron como se muestra con la continuación de los megaproyectos ecocidas y neoliberales y la continuación del pago de la deuda, incluso del FOBAPROA impuesto desde el gobierno de Zedillo.
De esta manera, el frente opositor de los partidos de la derecha tradicional no podían elaborar un proyecto alternativo al gobierno de AMLO que no fuera simplemente el ataque personalizado contra AMLO como caudillo y facilitando así la campaña del gobierno contra el PRIAN como defensores del pasado y la corrupción. Por eso también la migración de cuadros del PRI y del PAN a Morena es incesante. No es solamente por oportunismo o por la compra y la impunidad para esos tránsfugas, sino también por el reencuentro con la perspectiva neoliberal lo que les lleva a Morena. Denunciaron el fraude en la elección presidencial del 2024 y no lo pudieron demostrar. Los partidos que sostuvieron a García Luna o una larga lista de gobernadores priístas ligados al narcotráfico y algunos presos por eso mismo, ahora cínicamente hablan del apoyo del narcotráfico para la elección de Morena. La presencia del crimen organizado en las campañas de todos los partidos no es simplemente de moralidad o de salud pública, sino que tiene que ver con el desarrollo del capitalismo salvaje no solo en el narcotráfico sino en empresas reconvertidas por el extractivismo minero y sus sicarios actuando contra pueblos y comunidades por la disputa del territorio, o de negocios como la explotación del aguacate, la papa y otros cultivos que controla ese crimen organizado con poder local o regional que se refleja en los 3 niveles de gobierno.
La crisis del frente opositor del PRIAN ahora después de la elección presidencial es también de perspectivas estratégicas. Antes de desaparecer electoralmente (como le ha ocurrido formalmente ya al PRD a nivel federal) hablan de refundarse. Pero ¿con qué perspectiva se van a refundar, ¿con qué continuidad cuando su estrategia era el combate permanente contra AMLO? y,ahora qué los distinguirá? Los que enarbolan la bandera "ciudadana" como justificación para poner distancia del desprestigio del PRI y del PAN, aquellos que se agrupan con Xóchitl Gálvez como Emilio Álvarez Icaza y hasta impresentables como los ex perredistas Acosta Naranjo y Fernando Belauzarán, tampoco tienen una perspectiva estratégica que presentar como alternativa que no sea la desconfianza hacia los partidos y el mito de la "ciudadanía" pero con la contradicción que con ese discurso quieren fundar un nuevo partido. Es en estas condiciones históricas que la crisis de los partidos de la derecha tradicional van abriendo el campo al discurso de la extrema derecha, tipo Milei, Vox o Trump y que ya para la elección del 2024 pretendió enarbolar Verástegui pero sin éxito al no conseguir el apoyo suficiente para presentarse como candidato independiente.
El camino de Morena hacia un partido de Estado tipo el PRI del siglo pasado.
El problema principal no es que Morena (junto con los partidos aliados del gobierno) se haya convertido en hegemónico electoral y legislativamente. Como dijimos en el balance del 2 de junio (ver La Internacional 3-4) es que en el terreno ideológico a nivel social el discurso del lopezobradorismo de Morena, lo que ellos llaman la 4T, y que es expresión de una corriente del progresismo tardío en América Latina, ha avanzado a consolidarse como el pensamiento político hegemónico en la sociedad. No es sólo el abrumador triunfo electoral de Claudia Sheinbaum y de Morena en el terreno legislativo sino que esto es expresión de la hegemonía de este pensamiento que dice encarnar los deseos, los ímpetus de las luchas contra el neoliberalismo y por la justicia social de los últimos años pero que mantiene los aspectos centrales de la política neoliberal porque no es anticapitalista. Es el discurso progresista que mantiene una retórica antineoliberal y al mismo tiempo la continuación del neoliberalismo pues se mantiene en el marco de la deriva actual del capitalismo que le sujeta estructuralmente. Un progresismo tardío en comparación con otras experiencias latinoamericanas pero que se alimenta de las tradiciones del populismo y nacionalismo de los que se presentaron como herederos de la Revolución Mexicana (una revolución interrumpida en su lógica popular para reconstruir el Estado capitalista por medio del bonapartismo), es decir lo que Revueltas llamaba "la ideología de la Revolución Mexicana" que representó por décadas el PRI.
Para esta ideología, nuevamente como en el viejo PRI, el partido representa a todo México, sin distinción de clases pero en realidad en el marco de la sociedad burguesa.
Es cierto que en el marco del gobierno de la llamada 4T se ha polarizado un fuerte odio de clase. Lo ha alimentado el desprecio clasista y racista burgueses representado por el PRI y el PAN. Frente a ello la campaña del gobierno contra la corrupción señalando permanentemente los privilegios y corrupciones defendidos por el viejo régimen ha sido de gran utilidad para hundir definitivamente en el desprestigio al PRIAN. Pero apelar al rencor de clase contra los corruptos no es lo mismo que generar conciencia de clase. Por eso al mismo tiempo, el propio AMLO gustaba decir que "a diferencia de lo que dicen algunos intelectuales de que el principal problema en México es la explotación de clase" él decía que el principal problema es la corrupción. Y por eso afirmar que no todos los empresarios son corruptos. O alterar la vieja consigna del PRT y de Rosario Ibarra de "arriba los de abajo" a la que inmediatamente AMLO aclaraba que eso no quería decir "abajo los de arriba". Por eso el balance entusiasmado de decir que con la 4T "todos ganan": primero los pobres, decía, pero al mismo tiempo los empresarios y los bancos especialmente, tuvieron durante el sexenio que acaba de terminar ganancias como nunca. La política de conciliación de clases implica precisamente negar la necesidad de una definición de clase lo que termina siendo favorable a las clases dominantes y por ende a mantener la desigualdad social.
Durante la campaña de 2018, Luis Hernández Navarro llamó a la campaña de Morena la nueva "arca de Noé" donde caben todos los que huyen del barco que se hunde. Ahora en el 2024,ya no se trataba de ganar a como de lugar, sino que ahora es el partido del gobierno. Ya no es simplemente el atractivo de huir del barco que se hunde sino de acomodarse en el nuevo poder, en el gobierno, en el aparato del Estado, en embajadas o consulados para priístas tránsfugas o de promoción social para sectores populares. El carrerismo y el arribismo. La dinámica ya conocida del crecimiento de un partido que ya está en el poder. Varios ejemplos históricos pueden darse pero lo recuerda la reciente decisión de Morena, anunciada por su secretario de organización, el hijo de AMLO, de conseguir 10 millones de nuevos miembros en el partido. Incluso anunciada también por Díaz Polanco, presidente de Morena en la CDMX para afiliar a 900 mil en la capital y contribuir así a la meta nacional. No se trata así de reclutar a un partido poniendo por delante la convicción, con todos los riesgos que implica luchar en la adversidad, sino de incorporarte a los "vencedores". Puedes imaginar el peso conservador de una masa así que no querrá arriesgar nada que desestabilice al statu quo, ninguna ruptura democrática que ponga en riesgo el ascenso escalafonario, el "ideal" de que en "la próxima a mí me toca".
Pero se trata de un crecimiento masivo del partido en donde el control está previamente garantizado. Vean, si no, el congreso de Morena posterior al triunfo de Claudia Sheinbaum como Presidenta. Es claro ejemplo del carácter de partido de Estado que se está construyendo con Morena.
¿Crecimiento del partido, nuevas generaciones? Sí, pero es la generación de hijos o hijas de los viejos dirigentes. En primer lugar la Secretaria de Gobernación con AMLO que pasa a ser la nueva presidenta de Morena, o sea Luisa María Alcalde, hija de Bertha Luján y Arturo Alcalde. Pero sobre todo, el hecho de que la encargada desde el gobierno de la política interior, pasa a ser presidenta del partido. La secretaria general también fue funcionaria del gobierno morenista en el estado de Colima. El secretario de organización es el hijo de AMLO, Andrés López Beltrán.
El Congreso fue convocado especialmente para elegir a la nueva dirección del partido. En las redes sociales, desde antes del Congreso, se filtraron los nombres de los principales integrantes del nuevo Comité Ejecutivo destacando que Mario Delgado (¡¡que fue nominado por Sheinbaum para Secretario de Educación Pública!!) sería sustituido por Luis María Alcalde. Al llegar al Congreso se repartieron las papeletas con una sola planilla: la que encabezan María Luisa Alcalde, como Presidenta, Carolina Rangel Gracida como secretaria general y Andrés Manuel López Beltrán como secretario de organización. ¿Dónde se definieron los nombres de esta planilla? La propuesta ¿es responsabilidad del Comité saliente de Mario Delgado y Citlalli Hernández o del Presidente del Consejo Nacional? o hay una comisión de candidaturas que no se conoce? No se sabe. Los nombres eran legitimados por la difusión previa en redes sociales como rumor.
Se supone que el congreso nacional es la máxima autoridad para decidir democráticamente, que en este caso se llama la Séptima Asamblea Nacional extraordinaria celebrada en septiembre. Pero ¿quiénes son los delegados a la Asamblea Nacional? De nuevo aparece aquí el carácter de partido de Estado por medio del control del aparato de gobierno sobre el partido. No es solamente que la Secretaria de Gobernación pasa a ser la Presidenta del CEN del partido. También es el peso determinante de los gobernadores y gobernadoras de los estados. En primer lugar el presidente del Consejo Nacional que es Alfonso Durazo Montaño, gobernador de Sonora. En realidad es Durazo, en su carácter de Presidente del Consejo Nacional, quien preside el congreso desde antes de contar con Presidenta del CEN.
En primera fila de la asamblea nacional están, por tanto, como delegados especiales, como consejeros, cada uno de las y los gobernadores de Morena en los estados de la República. En la actualidad tienen 24 estados de la República gobernados por Morena (incluyendo la Jefatura de Gobierno de la CDMX) de un total de 32 entidades. Pero también son delegados directos a la Asamblea Nacional todas y todos los Senadores y diputados federales que sean de Morena e incluso Secretarios de Estado. Y así sigue la presencia de funcionarios de todos los niveles, sean diputados locales, presidentes municipales, alcaldes. Las y los delegados de base representan a estos grupos alrededor de diputados, alcaldes, regidores y síndicos y funcionarios menores y ayudantes como lo muestran los autobuses de transporte con los nombres del diputado o funcionario que financia el viaje y alojamiento de dichos delegados. Aun con una discusión democrática de posibles alternativas políticas diferenciadas, el voto de calidad y peso de gobernadores y funcionarios de todo tipo es determinante para cualquier decisión. Por eso la eventual discusión o negociación entre opciones alternativas puede hacerse entre funcionarios en forma paralela sin necesidad de la asamblea o con “recomendaciones” recibidas en la Secretaría de Gobernación o en la Secretaría de Gobierno correspondiente. Los dirigentes formales del partido en cada entidad pueden así recibir estas recomendaciones o instrucciones de las y los gobernadores o secretarios de gobierno.
El problema no es solo la falta de un procedimiento democrático y el control vertical del partido desde el gobierno, sino la perspectiva política que hemos dicho pues se supone que representa a "todo México" como si no hubiera diferencias de clase y proyectos políticos en "México". En otro viejo esquema de partido único, de partido de Estado, el PCUS se le llamaba "partido de todo el pueblo". Por eso en la experiencia mexicana que representó la hegemonía del PRI durante el siglo pasado como "partido casi único", decía Salinas, se suponía que todas las clases sociales y sectores estaban representados en el partido. Este pensamiento ideológico hegemónico suprimía la necesidad de otras expresiones políticas, ideológicas y de clase pues todas deberían expresarse por medio del partido. El PRI hizo la mixtificación ideológica histórica de supuestamente ser heredero de la Revolución Mexicana representando por igual a caudillos militares que en la realidad histórica estuvieron opuestos y combatiéndose militarmente entre sí. Ahora Morena con el discurso lopezobradorista ha intentado hacer lo mismo con las experiencias de lucha de la izquierda socialista contra el PRI posteriores al 68 pretendiendo ser herederos de esa tradición. Ejemplo escandaloso es la mención que hizo de José Revueltas al inaugurar como centro cultural y vacacional a las islas Marías (donde estuvo preso Revueltas como militante comunista) al decir que Revueltas podría descansar porque el "proletariado ya tiene cabeza" (referencia al "Ensayo sobre un proletariado sin cabeza" de Revueltas donde plantea la necesidad de un verdadero partido comunista).
Antes del 68, fue común que militantes de izquierda, incluso de corrientes lombardistas y del "comunismo oficial" buscaran candidaturas locales por medio del PRI presentándose como dirigentes reconocidos en sus pueblos. Como hoy antiguos militantes de la izquierda socialista buscan candidaturas en Morena como su partido.
¿Registrar a la izquierda socialista en 2025?
Como hemos señalado desde el principio, lo que destaca en este panorama es tanto la crisis y reacomodo del sistema de partidos, como la ausencia en ese terreno de un partido de la izquierda socialista, independiente del régimen.
Si nos sujetamos a los tiempos legales, resulta que en enero del siguiente año de la elección presidencial es el momento de notificar al INE la intención de obtener el registro legal como partido. Esto aplica incluso para el PRT que fue el último partido de la izquierda socialista independiente del régimen que contó con reconocimiento legal hasta 1991.
Sin embargo, como parte del análisis de la crisis del sistema de partidos y los cambios ocurridos en estos años, no podemos actuar simplemente acorde a la rutina y tiempos de la institucionalidad electoral, misma que también es parte de la crisis.
La evolución, dinámica y cambios en la legislación electoral y por tanto el sistema de partidos, en el marco de los cambios a nivel del régimen político en México han devenido en un esquema de reconocimiento de partidos muy cerrado, determinado por el dinero y asegurando la existencia exclusiva de opciones partidarias dentro del sistema y con los valores políticos propios del neoliberalismo. Básicamente esto significa que el sistema ha devenido en una estructura que impide el registro de partidos de la izquierda socialista o de la clase trabajadora. Por eso en las elecciones de los sexenios recientes las opciones se han ido reduciendo a opciones dentro del marco capitalista aun de aquellas que afirman ser antineoliberales.
A diferencia de la Reforma Política de 1978 que ponía el énfasis en que los partidos solicitantes demostraran una existencia previa de por lo menos 4 años y representaran una propuesta programática, ideológica, diferente a la representada por otros partidos reconocidos, la legislación actual parte del criterio de que la organización solicitante se va a constituir como partido para la siguiente elección. Es la consecuencia de la noción hegemónica hoy de que un partido es exclusivamente para participar electoralmente. Y aunque se presume que es nuevo y competirá en la siguiente elección inmediata se le exigen requisitos de afiliación y organización en tal dimensión como si ya hubiera tenido participación electoral. Poco a poco han ido aumentando los requisitos en consecuencia. De tal forma que el costo para realizar las asambleas de afiliados y la afiliación misma certificada por la autoridad electoral representa un gasto cada vez mayor y por supuesto muy difícil de sufragar si se trata de un nuevo partido sin financiamiento público. O un partido de izquierda que cuenta solo con las cuotas de sus militantes y no con el apoyo de diputados y senadores de otro partido. El peso determinante del dinero en la política, la mercantilización de la política, que tiene aquí su expresión es consecuencia también de la dimensión del financiamiento público que cuenta cada partido. Es este proceso el que explica que conseguir el financiamiento público para los partidos se convierta en un objetivo en sí mismo que no tiene nada que ver con concepciones programáticas y objetivos de lucha política.
De todos modos es cierto que el contar con reconocimiento legal es un derecho democrático de un partido de la izquierda socialista o de la clase trabajadora. Desde siempre hemos sostenido esta concepción que rechaza que el monopolio de la participación política y electoral sea exclusivamente para partidos del sistema, para partidos patronales o representativos del sistema capitalista. La clase trabajadora también tiene derecho a contar con sus propios partidos y es parte de su vocación histórica el que el pueblo trabajador cuente con su propio partido con independencia de clase, con independencia de los partidos burgueses. Aunque las condiciones sean adversas o la relación de fuerzas desfavorables no renunciamos a este derecho.
En el pasado, hemos peleado, incluso en el terreno legal, por conseguir el registro. En 1993, intentamos recuperar el registro electoral del PRT y con los cambios posteriores al 88 nos fue imposible completar (por poco relativamente) los requisitos. En 2013 por medio de la OPT la organización propuesta por el SME también intentamos sin éxito obtener el registro. La cerrazón del sistema (que siempre busca alcanzar el esquema típico de EU de un sistema bipartidista) en algún momento, ante las críticas, reglamentó la existencia de “candidaturas independientes" para dar la impresión de un espectro democrático más allá de los partidos institucionales. Pero al reglamentar estas candidaturas “independientes” les impuso requisitos para ser registradas de hecho mayores a las del registro de un partido político. En 2018 apoyamos la iniciativa de presentar a la compañera Marichuy, respaldada por el CNI y el zapatismo, para registrarla como candidata independiente. Nuevamente fue imposible superar los requisitos legales, no solo restrictivos y antidemocráticos sino clasistas
Para haber iniciado en enero del 2025 el proceso de registro habría sido necesaria una reforma política electoral previa. Desde el sexenio de López Obrador se ha anunciado la necesidad de esa reforma. Pero el interés del gobierno de una reforma se concentra en el control del INE y no en el sistema de partidos y su registro. Claudia Sheinbaum ya ha anunciado también como parte de esa reforma la propuesta de regresar a la no reelección consecutiva en los cargos de elección, lo que sería muy bueno pero al mismo tiempo insiste en la propuesta de suprimir las candidaturas plurinominales lo que reforzaría un control autoritario y supresión de diferencias en las cámaras legislativas. Pero ni uno ni otra tienen interés en una reforma que facilite el registro de nuevos partidos, pues siendo Morena, un "arca de Noé", un enjambre de intereses empresariales y políticos diversos, no quieren facilitar la dispersión electoral de Morena.
El hecho es que concretamente en 2025 no hay condiciones para luchar por el registro de un partido de la izquierda socialista.
Habrá que continuar peleando por una reforma política democrática que genere otras condiciones. La necesidad de una nueva reforma política electoral que cambie el sistema de partidos. Que elimine el financiamiento a los partidos para frenar el proceso de mercantilización de la política; que apruebe el reconocimiento de los partidos por representar un programa e ideología propio, diferente, para sustituir la dinámica del individualismo que identifica a cada partido por la candidatura y no por su programa. Y por la elección del Congreso por la vía de la representación proporcional completa de cada partido. Pero una reforma así, seguramente no tendrá lugar sino hasta una nueva gran crisis política del régimen.
El reconocimiento y la construcción de un fuerte partido de la izquierda socialista son necesarios.
Resumiendo. Tenemos una crisis de los partidos tradicionales de la derecha por un lado. Al mismo tiempo el proceso abierto hacia un partido de Estado, como fue el PRI, pero ahora con Morena y los partidos del gobierno, los partidos satélites o “paleros” como se les llamaba en la segunda mitad del siglo XX. Un partido de Estado, como un partido de conciliación de clases que quiere hacer aparecer como innecesario un partido o partidos de la clase trabajadora. Que invisibiliza y pretende suprimir o absorber a la izquierda socialista y sus organizaciones partidarias. La contradicción es que nunca como antes es completamente necesaria la proyección y posicionamiento de un partido de la izquierda socialista, propio de la clase trabajadora, pero en el 2025 no es posible, por la estructura legal restrictiva, conseguir el reconocimiento legal. La siguiente oportunidad legal, si se mantiene la legislación electoral vigente es dentro de seis años, después de la elección presidencial del 2030.
Esta contradicción es la que realmente enfrentamos en este momento, pero eso no quiere decir que debamos cruzarnos de brazos y resignarnos a una situación sin salida inmediata.
Con motivo de los conflictos políticos de los últimos meses, incluso importantes luchas durante el sexenio de López Obrador que replantean la necesidad de opciones políticas autónomas, independientes del gobierno y sus partidos, frecuentemente se nos pregunta si el PRT va a replantear la lucha por su registro legal, por el reconocimiento de la izquierda. Está en juego la pretensión desde el poder, de invisibilizar a la izquierda socialista, de sumirla, de diluirla, en un partido pluriclasista, de conciliación de clases, en un partido del gobierno, pero peor, en un partido de Estado. Desde el XIV Congreso Nacional del PRT del año pasado, hemos planteado la necesidad de un polo social y político alternativo a los partidos del gobierno y alternativo a los partidos de la derecha tradicional. En ciertos movimientos, en la práctica se avanza hacia polos sociales que son alternativos en la lucha. Pero no es suficiente y cada vez es más acucioso también el polo político alternativo y obviamente la coyuntura del registro de nuevos partidos abre la oportunidad para plantear en esos términos, en el terreno político, la necesidad de un partido de la izquierda socialista.
Por esa razón es que entendemos que el PRT no puede sustraerse a no dar una opinión, no plantear alguna vía de solución al problema y contradicción antes señaladas. No solamente por ser el último partido de la izquierda socialista independiente del régimen que contó con registro legal hasta 1991. Pero, además, por ser hoy el más antiguo partido de la izquierda socialista surgido después del 68 y que ha logrado sobrevivir a los procesos de disolución y liquidación de otros partidos en el marco de las corrientes provenientes del PRI que se presentan como progresistas y mediáticamente llamándose de izquierda pero sin reivindicar por supuesto, una perspectiva anticapitalista, es decir socialista y de clase.
Conscientes de las limitaciones y contradicciones antes señalados, planteamos abiertamente la contradicción y defendemos, enrabolamos, la necesidad de un partido socialista revolucionario, es decir hoy ecosocialista y feminista.
Planteamos en la mesa de discusión el problema y ante el movimiento invitamos a discutir las opciones.
Incluso la opción de que el PRT puede iniciar la lucha, una campaña, reclamando nuevamente su registro legal, aun sin sujetarnos a los tiempos y requisitos legales.
En 1976 apoyamos en campaña la candidatura sin registro legal de Valentín Campa del PCM para Presidente de la República. Una opción hoy sería, del mismo modo, reclamar el registro legal del PRT, denunciando el carácter restrictivo de la legislación correspondiente y explicando políticamente la necesidad de un partido de izquierda independiente del régimen.
Tenemos otras opciones si contáramos con otros sujetos políticos distintos y más allá del PRT.
Por ejemplo, como ya mencionamos antes, desde 2011 apoyamos y participamos en la experiencia de la Organización Política del Pueblo y los Trabajadores (OPT) convocada por el SME. Fue así que en 2013 intentamos conseguir el registro electoral para la OPT, infructuosamente. El gran valor de esta iniciativa del SME no es solamente la idea de un partido realmente de izquierda sino realmente un partido de clase, de la clase trabajadora, en la antigua tradición de partidos obreros. Nuevamente el carácter restrictivo de la ley electoral aparece con la prohibición de que los sindicatos apoyen la construcción de un partido político, su propio partido incluso. Es una antigua restricción producto de condiciones diferentes, pero que, además, no ha sido respetada por otros sindicatos o corrientes sindicales que han contado con la complacencia de las autoridades. El caso más significativo es el del charrismo encabezado por Elba Esther Gordillo que apoyándose en la estructura del SNTE consiguió el registro legal del PANAL, aliado en su momento con el PRI y luego el partido llamado Redes, aliado de López Obrador. Pedro Haces de CATEM (la organización sindical que llaman la CTM de la 4T) no ha conseguido todavía el registro como partido político pero sí de su asociación política nacional. Lo mismo hizo Napoleón Gómez Urrutia del sindicato minero, aunque las restricciones políticas para sindicatos aplican tanto para el registro de partidos como para sindicatos.
Para el PRT la iniciativa de la OPT es fundamental por tratarse de una opción de clase que en la situación actual reafirma la necesidad de las luchas, movimientos y organizaciones de continuar por sus reclamos y demandas pero con independencia del gobierno y sus partidos, así como de los partidos tradicionales de la derecha. Encarna completamente la perspectiva enarbolada por muchos movimientos que dice que gobierne quien gobierne, la lucha continúa y los derechos se defienden. Si el SME retomara la propuesta de la OPT indudablemente que contaría nuevamente con la leal participación y compromiso del PRT.
Para el PRT hay otra opción también conjunta: el Bloque de Izquierda Independiente Anticapitalista y Antipatriarcal. En junio de 2024, antes de las elecciones presidenciales logramos constituir este Bloque de Izquierda Independiente entre la LUS, el MAS, el MTS y el PRT. El acuerdo entre las organizaciones del Bloque de Izquierda Independiente es más preciso en la perspectiva ecosocialista, feminista y antipatriarcal, así como internacionalista. Ha surgido antes de las presidenciales defendiendo la necesidad de un polo político independiente del gobierno y sus partidos. Esto facilitaría un acuerdo por una lucha política conjunta ahora haciendo campaña por la necesidad de un partido socialista reconocido legalmente con todos sus derechos.
Al abrir la discusión pública sobre el tema, sobre la necesidad de este partido de la izquierda socialista, por supuesto que al mismo tiempo que reconocemos que no hay las condiciones hoy, en 2025, de luchar por el registro legal, tenemos que plantear abiertamente que no podemos quedarnos atrapados como en una camisa de once varas, en la idea de un partido legal, reconocido legalmente. Aclararlo es necesario para evitar la desilusión de algunos militantes como ha ocurrido en intentos anteriores cuando no se obtiene el registro legal.
Es decir, habría que asumir y explicar que la construcción de un partido socialista y revolucionario no se constriñe a la participación electoral y por tanto al registro legal para precisamente reducir la actividad a la electoral. Combatir la visión hegemónica actual que identifica la propuesta de partido político a partido electoral. Esta visión es la que, incluso, alimenta el desprestigio y desconfianza hacia los partidos, a la forma de organización partido, circunscrita al terreno electoral y legislativo, con todos sus defectos y desprestigios como la corrupción pero sobre todo la institucionalización dentro del sistema, uno de cuyos aspectos es la mercantilización de la política pero no la única. Desde el inicio del siglo XXI el PRT ha venido construyéndose por fuera del esquema institucional, es decir sin registro legal electoral ni dependiendo de tenerlo o no. Esta concepción no siempre es compartida por militantes socialistas que piensan que necesariamente debemos contar con reconocimiento legal. Hay que romper con esta atadura.
Pero también hay que combatir la idea equivocada de que el lugar de los socialistas está dentro del partido del gobierno, alrededor y dentro de Morena. "Unidad de la izquierda" (pero dentro de Morena), "socialistas de Morena", es una estrategia equivocada. No es solución al problema sino hacerte parte del problema. Es olvidar que la tarea central de los socialistas es, desde el Manifiesto Comunista, contar con su propio partido. Esta es la tarea estratégica. Si la dinámica actual avanza hacia la conformación de un nuevo partido de Estado con Morena, como lo fue el PRI en el siglo pasado el peor error es repetir la perspectiva lombardista y reformista del siglo pasado de construirse como el "ala izquierda" del gobierno y su partido. Supuestamente ser la “conciencia socialista” de un partido burgués. O la ilusión de que ese partido puede ser reformado o llevado a la izquierda (ilusión que ya tuvieron algunos en el PRD hasta que éste capituló ante la derecha tradicional, por cierto esta ilusión en Morena frecuentemente es de los mismos que la tuvieron en el PRD)
La independencia política y de clase del partido socialista es central, estratégica hoy como ayer. En esta perspectiva de todos modos seguimos construyendo el PRT, al que invitamos a compañeras y compañeros que coinciden con la propuesta ecosocialista, feminista, antipatriarcal, internacionalista y militante.
En consecuencia, aceptamos, apoyamos y promovemos todas las reuniones, discusiones e intercambios necesarios en esta perspectiva. Ustedes tienen la palabra.
Enero de 2025.